Hermandad de Ntra. Sra. de la Hermosa    

           Septiembre 2009. Fuente de Cantos

 
 

anterior

Indice

siguiente

 
 

 

Madre sólo hay dos

 

P. A. C.

____________

 

 

     Cabría preguntarse, si es posible comparar el amor, el cariño y el cuidado que una madre procesa a sus hijos (familia numerosa) con el amor, el cariño y el cuidado que nuestra Madre Hermosa procesa a los suyos (también numerosos). Y viceversa, cabría comparar el amor y respeto que los hijos procesan a su madre, con la fe y devoción que procesamos a nuestra Madre María.

 

     A vosotras que sois madres, si alguien os preguntase si queréis a vuestros hijos por igual, la duda os ofendería. Porque, en nuestra familia numerosa habrá, hijos más cariñosos, más extrovertidos, más capaces de demostrar sus sentimientos a su madre.  Y los habrá más introvertidos, que les ocurre lo contrario, pero no por eso quieren y necesitan menos a su madre. Por tanto, la misma ofensa sería dudar de que la Virgen María no quiera a todos sus hijos por igual.

 

     En los primeros años de nuestra vida, todos dependemos del cuidado y cariño de nuestras madres. Por cultura y tradición (por lo menos hasta ahora), también nuestra cercanía  con la Virgen, en nuestra infancia, es más  comprometida. A lo largo de la vida, hay hijos que parten de casa, se despegan de su madre, de su familia; los hay que por algunas circunstancia desaparecen, dejan de tener  contacto con su seno familiar. También están los que se quedan en casa, cercanos a su madre, que la cuidan, la visitan a diario, le confían sus problemas y preocupaciones y a su vez reciben el calor que una madre sabe dar. Lo mismo ocurre con los hijos de la Iglesia, en los primeros años, casi todos somos participes de la comunión. Vamos creciendo y nos vamos despegando y dejamos de tener ese contacto asiduo. Nos da cierta vergüenza reconocer nuestras propias creencias, e incluso se llega a renegar de todo lo que se refiera a la religión.

 

     Pero qué madre no está deseando que su hijo vuelva, qué madre no espera, quizás con mayor ansiedad y preocupación, la visita del que no suele aparecer. Qué madre no se llena de gozo cuando llega el que sólo aparece “por Navidad”, quizás con el enfado y envidia sana del que está allí siempre. Pues no dudemos de que a nuestra Madre Hermosa le ocurra lo mismo. Claro que le dará alegría ver a sus hijos, más cercanos, visitarla todos los días; pero qué  gozo sentirá al ver entrar por la puerta a ese que aparece sólo en días contados.

 

     Como cualquier madre, la Virgen de la Hermosa, escudriñará con su mirada, cada balcón, cada puerta, cada rincón por el que pase en su procesión, cerciorándose de que todos sus hijos vuelven para verla. No le fallemos, estemos con ella, que desde su trono contemple cada 8 de septiembre como su pueblo de Fuente de Cantos le rinde honores y le agradece la protección de su manto. Y si es posible, volvamos a ser el hijo que se queda en casa para visitar asiduamente  a su madre.

 

     No quiero acabar, sin recordar a uno de sus hijos que durante años ejerció de Hermano Mayor, sin duda la Virgen de la Hermosa lo tendrá entre sus brazos.

 

    Tengamos todos unas felices Fiestas Patronales, un saludo.